Sierra de las Quilamas

La Sierra de las Quilamas es uno de los espacios naturales de mayor valor ecológico de la provincia. Sorprendentemente, también es una de las comarcas más desconocidas por los salmantinos y turistas proveniente de otras provincias.

El punto de partida más habitual para recorrerla es el pueblo de Linares de Riofrío. Desde esta localidad, donde se ubica el Aula del Alagón y donde podemos informarnos de todas las posibilidades turísticas del territorio ADRISS, existen numerosas rutas que permiten ascender a la sierra, recorrer sus bosques y alcanzar su pico más destacado: el Pico Cervero.

Desde otras localidades próximas, existen numerosas e interesantes rutas marcadas. Tomando la carretera SA-212 que se dirige hacia Tamames nos iremos encontrando con Escurial de la Sierra, Navarredonda de la rinconada y la Rinconada de la Sierra. Una de las propuestas para descubrir este paisaje y toda su cultura es el PRC-SA 41 Sendero de los Molinos, que parte desde Navarredonda de la Rinconada y permite conocer los restos de 10 molinos y 2 batanes en apenas un kilómetro de arroyo. Igualmente interesante es su Parque Temático de la Charca, con campos de juegos autóctonos.

Desde Navarredonda de la rinconada y la Rinconada de la Sierra, se puede cruzar la sierra por el Puerto de la Calderilla y alcanzar los pequeños pueblos de La Bastida y Cilleros de la Bastida, localizados en la zona oeste de la sierra y que cuentan con densos bosques de robles en una de las zonas más desabitadas y mejor conservadas de la provincia. Pasear por sus bosques vetustos y por sus arroyos cantarines es un placer para todos los sentidos.

En la Sierra de Las Quilamas hay que destacar, muy especialmente, el interés botánico del Bosque de La Honfría (Linares de Riofrío). Éste es el bosque de personalidad más atlántica de la provincia, húmedo y frondoso como podría ser un bosque asturiano o gallego. Cuenta con algunos de los robles, castaños y cerezos silvestres más monumentales de Salamanca. Pero, seguramente, lo que mayor personalidad aporta a este bosque es su acebeda, realmente, la única de nuestra provincia. Miles de pies de este árbol espinoso y perenne se reparten por la cara norte de la sierra formando masas casi puras, sombrías y misteriosas, como si fueran el escenario de un cuento. El contraste de su follaje siempre verde, con los colores dorados, marrones y desnudos del otoño y el invierno lo hacen sumamente atractivo. En sus espesuras habitan numerosos corzos, jabalies y los primeros ciervos de la sierra. Y en el espesor de sus frondas y sobre sus altas copas, buitres negros y leonados, alimoches, milanos reales y negros, abejeros y azores y una larga lista de interesantes aves.

Al norte de la sierra encontramos las llanuras ganaderas de Herguijuela del Campo y La Sierpe, preludio del Campo Charro. Sus frescas dehesas de robles y encinas conservan las charcas y el necesario matorral que sirve de refugio a innumerables pajarillos. La carretera CV-60, que desde Linares alcanza a estos pueblos, para luego continuar hasta Las Veguillas, es muy tranquila y cuenta con caminos que permiten dan paseos muy agradables y con vistas magníficas de la cercana sierra. Todo un placer para el senderista sin prisa y deseoso de nuevos recorridos.

En el límite occidental de la sierra hay que destacar dos localidades: Tejeda y Segoyuela y Tamames. La primera cuenta con dos tesoros culturales tan valiosos como olvidados: su castillo y su antiguo convento. Dos joyas históricas de sobria y elegante belleza. Desde el castillo parte la carretera CV-112 que asciende hasta el Puerto de la Calderilla, para luego, descender hasta los citados pueblos de La Bastida y Cilleros de la Bastida. Desde este puerto se domina una amplia y sugerente panorámica sobre el Campo Charro, al norte, y sobre los bosques y montañas de la Sierra de Francia al sur. Esta deliciosa y sinuosa carretera nos sumergirá en la más pura esencia de nuestra naturaleza.

Por ultimo, destacar la histórica localidad de Tamames, que también cuenta con una torre de castillo, coronada por una nutrida y ruidosa colonia de cigüeñas, y que bien podría ser todo un referente arquitectónico de toda la comarca. Sus inciertos orígenes parecen remontarse hasta el siglo XI. Desde su camping (a la entrada del pueblo según venimos desde Linares) podemos disfrutar de una ruta senderista apta para todos los públicos. Siguiendo la falda de la cara norte de la Sierra de Tamames llegamos hasta una dehesa que es un auténtico jardín, fresco y tranquilo. Entre sus floridos espinos se encuentran valiosos hornos de cal que conservan gran parte de su arquitectura. Conservando el mismo sendero llegamos hasta un collado que permite cruzar la sierra y dirigirnos hasta la localidad de Aldeanueva de la Sierra, con magníficos quesos, y nuevas rutas senderistas. Destaca la que nos permite atravesar la Sierra del Zarzoso para dirigirnos, hacia el norte, hasta el Cabaco, y más adelante a la propia Peña de Francia, y hacia el oeste, siguiendo la cuerda de la sierra, hasta el convento del Zarzoso o Porta Coelli, una joya cultural en un entorno natural inesperado: uno de los escasos alcornocales de la sierra.

Y como postre inmejorable para una visita a esta sierra, tenemos que acercarnos hasta la localidad de Valero, justo al sur de Linares. Sumergida en el fondo del valle del río Quilamas, hay que destacar sus paisajes serranos, cubiertos de brezos y jaras, y materia prima de su afamada miel, los baños en su piscina natural, de aguas frías y cristalinas, y la paz deliciosa que envuelve al pueblo y sus caminos, y que tanto se busca hoy en día.

Entresierras

Si al presentar la Sierra de las Quilamas hablábamos de sus extraordinarios valores naturales y de lo poco conocida que resulta entre los salmantinos y, por supuesto, entre los que proceden de fuera de la provincia, al hablar de la comarca de Entresierras este desconocimiento se acentúa. Pocos son los que sabrían situar en el mapa pueblos tan apacibles como El Tornadizo o el monumental Monleón, que cuenta, nada menos, que con un castillo, murallas, una judería y con un entorno natural excepcional para el senderismo.

Los límites de esta comarca histórica están abiertos a muchas interpretaciones. Por este motivo, y por el deseo de no olvidar a ninguno de sus pueblos, en este apartado haremos un repaso al territorio enmarcado por el oeste, por el río Quilamas, y por el este, por el interfluvio entre su cuenca y la del río Sangusín.

El paisaje de esta comarca está marcado por la profunda huella erosiva del río Alagón y de sus afluentes. Este río, tributario del Tajo, es la columna vertebral del territorio. Todo su recorrido está flanqueado por un denso bosque ribereño de alisos, fresnos y diferentes especies de sauces, hogar de nutrias, mirlos acuáticos y abrevadero y refugio habitual de toda su fauna. Su ritmo de aguas es marcadamente mediterráneo, llegando a cortarse durante varios meses debido a la intensa sequía del estío, y experimentando fuertes crecidas después de la entrada de las borrascas atlánticas otoñales y primaverales. Estos episodios irregulares de importantes crecidas y el marcado desnivel que debe salvar el río hasta llegar a Extremadura, provocan una potente labor de erosión remontante de sus aguas y la aparición de numerosas paredes rocosas verticales, el hábitat perfecto para que ubiquen sus nidos aves tan tímidas y escasas como la cigüeña negra o el búho real. Pueblos como Monleón y San Esteban permiten cómodos paseos señalizados por sus orillas.

El contraste altitudinal entre las zonas más bajas y más altas de la comarca imprime sobre el territorio una variopinta personalidad climática, paisajística y de usos humanos. En las áreas situadas a menor altitud, como Santibáñez de la Sierra o San Esteban de la Sierra, el clima es una mezcla entre influencias mediterráneas y atlánticas, ofreciéndonos paisajes mixtos y de excepcional riqueza botánica. Plantas silvestres de origen predominantemente mediterráneo, como la encina, el madroño o el labiérnago, se combinan con otras cultivadas desde muy antiguo, como la vid, el olivo o el cerezo.

A medida que nos dirigimos hacia el este llegaremos a municipios situados a mayor altitud y donde el clima se muestra más claramente atlántico, con temperaturas más suaves y mayores precipitaciones. Esta personalidad climática más típica del norte de España, sumada al implacable abandono rural, son los responsables de que en los alrededores de pueblos como Cristóbal, Casafranca, Endrinal y los Santos, el paisaje se cubra de densos y nuevos bosques de castaños y robles. Aquí hay que destacar los centenarios y monumentales castaños que podemos encontrar en el entorno inmediato del pueblo de Los Santos. Destacan, muy especialmente los enormes ejemplares que hay en el camino que une la Cruz del Humilladero (a la entrada desde Fuenterroble) con la piscina municipal.

A mitad de camino entre ambos paisajes, las laderas de muchos de estos valles están jalonadas por terrazas agrícolas, cuyo origen se remonta muchos siglos atrás y que aún hoy siguen siendo cultivadas con vides, olivos y cerezos. Desde los bonitos cascos serranos de San Esteban de la Sierra, Santibáñez de la Sierra o Molinillo parten caminos que permiten recorrer estos paisajes aterrazados que no son tan diferentes a los que encontraríamos si viajáramos hasta otras montañas que rodean el mar Mediterráneo, como las Sierras Béticas, el Rift Marroquí o las montañas de Turquía. Tan lejos y tan cercanos al mismo tiempo.

Alto Tormes Salmantino

El Tormes es el río que más personalidad otorga a la provincia de Salamanca, aunque no hay que olvidar que sus primeras y más importantes fuentes se localizan en la provincia de Ávila, en su magnífica Sierra de Gredos. A su paso por nuestra comarca crea paisajes espectaculares donde se combinan sus riberas arboladas con las dehesas y sierras de ambas provincias.

En el tramo comprendido desde su entrada en nuestra provincia y hasta la cola del embalse de Santa Teresa, es donde muestra su ribera más espectacular y mejor conservada. Durante varios kilómetros un denso bosque galería cubre ambas orillas con miles de alisos, sauces y altos álamos negros, un vergel que se vuelve intensamente dorado durante el otoño. Estos vivos colores naranjas y amarillos contrastan vivamente con el verde oscuro de las rudas encinas que cubren las laderas y penillanuras de este tramo alto del Tormes. Ribera y penillanura se extienden sobre una vega cubierta de incontables rocas redondeadas que nos avisan del enorme potencial erosivo y de transporte de este río de caudal impredecible y con picos de crecida potencialmente devastadores. La gran altura del puente medieval de la villa del Puente del Congosto, nos revela que ya hace muchos siglos los habitantes de estas orillas eran concientes de los peligros de ubicar viviendas e infraestructuras a la vera de sus aguas.

Destacando en la orilla izquierda, y rompiendo la inmensa llanura de la Meseta Norte, se elevan varias sierras graníticas. Sobre una de ellas se ubica el pueblo del El Tejado (al sur de Puente del Congosto), y que se encuentra rodeado por los numerosos restos del yacimiento arqueológico de El Berrueco, uno de los más destacados de Salamanca y Ávila, y que cuenta con un aula arqueológica que se puede visitar en el abulense pueblo de Medinilla. Por toda esta sierra se pueden encontrar restos arqueológicos de los sucesivos pueblos que habitaron estas tierras. En las rutas senderistas que se pueden acometer por esta sierra, desde el pueblo de El tejado, deberemos ser escrupulosamente respetuosos con su conservación.

Justo al norte, y prologándose de este a oeste, desde los pueblos de Cabeza de Béjar hasta Santibáñez de Béjar, la Sierra de la Piquera se cubre de uno de los escasos bosques mediterráneos no adehesados de Salamanca. Desde ambos pueblos parten veredas ganaderas y senderos no señalizadas que permiten acercarnos a sus encinas, roquedos y vistas magníficas de la comarca.

Entre estas dos alineaciones montañosas se extiende una fértil vega de prados protegidos por vallas de piedra donde se ubican los rocosos pueblos de Sorihuela y Santibáñez de Béjar. En Sorihuela recomendamos pasear por su Ruta de los Caños, con 16 puntos de agua señalizados por su ayuntamiento. Son poco más de dos kilómetros de recorrido por su casco y por su entorno. Y en Santibáñez de Béjar, aún se levanta una pequeña y valiosa torre que es todo lo que permanece de un castillo definitivamente en ruinas. En un estado también preocupante se encuentra el torreón del pueblo de Cespedosa (en la orilla derecha del Tormes). Todos estos viejos torreones son los vestigios, descuidados y olvidados, de un amplio sistema defensivo formado por una serie de castillos medievales que protegían lo que fue la histórica frontera entre los belicosos reinos de Castilla y de León allá por los convulsos siglos XII y XIII. Existen numerosas publicaciones en la red y en las bibliotecas que permitirían trazar un viaje de varios días visitando estos castillos erigidos en tierras del este de la provincia de Salamanca: Béjar, Montemayor del Río, Monleón, San Martín del Castañar, Miranda del Castañar, Tamames, Cespedosa, Santibáñez de Béjar, Salvatierra de Tormes, Alba de Tormes, Carpio Bernardo y otros tantos de los que apenas quedan restos de confuso origen.

Muy afortunadamente, hasta nuestros días ha logrado llegar un castillo magnífico en el Puente del Congosto. En un estado de conservación extraordinario (puede alquilarse para celebraciones) y protegido por sus poderosas y originales murallas y almenas, se suma al incalculable valor arquitectónico e histórico de su rotundo puente medieval. Este paso protegido y seguro, permitía a los ganados trashumantes que transitaban la Cañada Real Soriana Occidental, flanquear este cruce estrecho, pero impredecible del Tormes en su camino entre las altas sierras de Soria y las fértiles llanuras de Extremadura. Su magnífico patrimonio justifica que se haya reconocido su valor histórico con la declaración del Castillo de los Dávila y el puente fortificado sobre el río Tormes, como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico. En esta encrucijada de caminos, el Tormes se encañona en el paraje llamado el Gorgocil, una estrecha garganta donde sus aguas se apiñan saltando entre pozas y cubriéndose de espuma. Martines pescadores y nutrias habitan estas aguas inquietas.

Desde la puerta del castillo parten numerosas rutas. Aguas abajo, siguiendo la orilla izquierda, se puede alcanzar el gran embalse de Santa Teresa, hogar invernal de varios miles de grullas, gaviotas y anátidas de varias especies. Cruzando el puente parte la Cañada Real Soriana Occidental, que podría seguirse ¡hasta Soria!. Menos ambiciosa es la ruta que puede tomarse para remontar el río por su orilla izquierda (donde está el pueblo) hasta más allá del límite provincial con Ávila. Hay que tener en cuenta que todas estas rutas son lineales y, salvo que alguien nos recoja más adelante, habrá que regresar al punto de partida.

Como imponente fondo sur de toda la comarca, y fracturando la gran meseta central de la Península Ibérica, se eleva la inmensa pared de las montañas del Sistema Central, con la Sierra de Béjar, en Salamanca, y las abulenses Sierras de Barco y, sobretodo, la gran mole granítica de la Sierra de Gredos. Este largo espinazo de montañas surgió hace más de 30 millones de años cuando las placas Africana y Euroasiática chocaron durante la Orogenia Alpina, se plegaron longitudinalmente y dieron origen a muchas de las montañas y cordilleras que hoy se elevan en Europa y el norte de África: el Sistema Central, Los Pirineos, Los Álpes, Los Cárpatos, Los Balcanes, el Rift, El Atlas, etc. Durante los meses invernales, toda esta gran barrera de cumbres que separa la Meseta Norte de la Meseta Sur, y que rozan los 2500 metros de altitud durante decenas de kilómetros, se viste de nieves ofreciendo un paisaje de una belleza fantástica.

La movida geografía montañosa de la comarca genera marcados vaivenes climáticos y su consiguiente reflejo en la vegetación y los usos humanos. Esta relación entre clima y vegetación es tan estrecha que podemos llegar a conocer el clima de una comarca con la simple observación de sus formaciones vegetales. En la zona más occidental del “valle del Tormes”, donde se ubican los pueblos de Nava de Béjar y la Cabeza de Béjar, la mayor altitud genera un clima con precipitaciones más cuantiosas, explicando que sean los robles rebollos los que dominen mayoritariamente el paisaje. A medida que nos dirigimos hacia el este, descendemos en altitud, nos vamos alejando de la influencia de las montañas y el clima se torna decididamente mediterráneo continental, con lluvias más escasas, concentradas en el otoño y la primavera, y con fuertes y prolongados calores estivales. Serán entonces las resistentes encinas las que cubran la mayor parte del paisaje en los entornos de Cespedosa, Gallegos de Solmirón, Bercimuelle y Navamorales, justo antes de volver a entrar en la provincia de Ávila. Por fortuna para nuestra provincia, el caudal del Tormes se nutre de las generosas y más regulares lluvias y nieves de las sierras del sur de Ávila, una de las regiones con mayores precipitaciones de la Península.

La larga tradición ganadera y trashumante de toda la comarca, nos ha legado un extenso patrimonio en forma de fincas, corrales, caños, vallas de piedra, cañadas, veredas y caminos modernos que recorren todas sus sierras, dehesas y riberas. Sin miedo a perdernos, desde todos estos pueblos parten caminos, algunos señalizados, que recorren sus municipios y espacios más interesantes. El tradicional manejo del ganado vacuno y ovino en régimen extensivo, transformó sus ancestrales bosques de encinas en dehesas, un sistema ganadero-agro-silvo-pastoril adaptado a las particulares y exigentes condiciones climáticas y edáficas del centro y este de la provincia de Salamanca y del oeste de la provincia de Ávila: clima continental, de lluvias irregulares y temperaturas extremas, y suelos superficiales y poco fértiles. Con estos parcos mimbres surgió una economía ganadera que, hoy en día, sigue vigente y nos ha legado el exquisito tesoro de sus embutidos y quesos.